DE LO MUCHO QUE ODIO LA MEDICINA. DE POR QUÉ LA QUIERO TANTO.

Cada vez somos más lo que alzamos la voz en contra de nuestra formación pésima. Estamos motivados, queremos aprender, y nos ignoran, o peor aún, nos obstaculizan. Es hora de cambiar la formación médica en España.

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Odio la medicina. Lleva por lo menos un año y medio decepcionándome.

Odio esta carrera que lo reduce todo a datos, nombres, descripciones, más datos y más descripciones. Y más nombres. Odio reducir a los enfermos a sus enfermedades.

Odio el poquísimo caso que se nos hace a los estudiantes. Porque no somos residentes. Y ya tendremos tiempo de aprender. Odio mirar y no tocar. Odio centrarme en no molestar demasiado.

Odio tener que estudiar una carrera de seis años, en la que la mitad de las competencias adquiridas se fugan por los huecos de un cerebro cansado de almacenar conocimientos abstractos. Pero sobre todo, lo que sin duda más odio, es no poder sentirme útil en absoluto. Odio tener que esperar siete años para empezar a aprender de verdad.

La carrera de medicina es un poquito fraude. Un trámite. La base para llegar a la punta del iceberg, que…

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Sobre campanas y exámenes: El aprobado en Medicina

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“Siéntense y no den la vuelta al examen hasta que se les indique. Disponen de una hora, los fallos restan 0’25 y el aprobado se establece en el 75% de las 10 mejores notas. Buena suerte”.

Cada año esta frase se repite en decenas de aulas de Medicina españolas. Y cada año se acompaña de caras de cabreo, desesperación y, finalmente, resignación de los estudiantes ante la perspectiva de enfrentarse a un examen en el que su aprobado o suspenso dependerá de las notas de sus compañeros.

Es un tema que choca a cualquiera ajeno a la Facultad y el Grado de Medicina, y con razón. Fuera de esta carrera y nuestro país, no conozco apenas (por no decir ningún) otro ejemplo de esta peculiar exigencia para superar un exámen final. En algunas facultades (como la de servidor), este tipo de medidas les han ganado la fama de “duras”, “competitivas” o el mal aplicado “de élite”. Por algo llamamos (y pocas veces con cariño) a mi alma mater “UAMtánamo”.

Con los años uno acaba oyendo de todo por parte de los profesores sobre por qué aplican esta curiosa exigencia. “Así os preparáis para el MIR”. “Esto es el Gauss de toda la vida y corrige para la dificultad del exámen”. “En lugar de quejaros tanto deberíais estudiar más y aprobar” (confieso que le tengo especial cariño a esta última).

Pero, ¿en qué se basa este método? ¿De veras afecta de forma negativa a nuestro expediente? ¿Fomenta la competitividad? ¿O puede ser que hasta nos estén beneficiando al “corregir” para la dificultad del examen, como argumentan algunos? En este post intentaremos dar respuesta a estas preguntas. Para ello, debemos empezar por lo más importante. ¿Qué és y cómo se establece un punto de corte?

¿Qué entendemos por punto de corte?

Al contrario de lo que estamos acostumbrados desde el instituto, hay un mundo más allá de “el aprobado es un 5″. Y es que el campo de la evaluación de habilidades conforma toda una disciplina denominada psicometría. Aplicado a nuestro terreno, muchos obvian que hay revistas enteras dedicas a este y otros temas relacionados con la educación médica, que abarcan desde cuántas opciones son idóneas en una pregunta tipo test sobre un caso clínico hasta cómo enseñar y evaluar la exploración cardiovascular. Estos temas han sido debatidos e investigados con ensayos clínicos y meta-análisis rigurosos.

En 2008, la AMEE (Asociación Europea de Educación Médica) publicó una guía específica sobre cómo establecer y mantener los niveles de exigencia en los exámenes tipo test, el tipo de exámen más extendido en la carrera. Para los que os interese el tema, recomiendo encarecidamente la lectura de dicha guía, en la que me he basado para gran parte de este post.

La primera parte de la guía nos introduce el concepto de proceso de establecimiento del estándar, que definen con bastante sencillez como “el proceso de determinar cúanto es suficiente”. En educación médica, esto se relaciona clásicamente con el concepto de competencia. Ya os podéis imaginar que la competencia no es una variable dicotómica, sino que se mide en una escala continua, ya que dos alumnos pueden ser “suficientemente buenos” suturando pero variar considerablemente en su nivel de sultura con haciendo nudos.

Valorar la competencia es un proceso más complejo de lo que parece, en el que intervienen numerosos factores.

Por lo tanto, cuando hablamos de estándar, nivel de aprobado o punto de corte nos estamos refiriendo a un punto en dicha escala de competencia o evaluación, fijado de forma artificial, que nos permite separar a los alumnos que presentan un rendimiento aceptable de un rendimiento no-aceptable. En otras palabras, el punto de corte es el punto en la escala a partir del cuál establecemos la separación entre competencia e incompetencia.

Al transformar una variable contínua tan compleja como la competencia en una variable dicotómica “Aprobado/Suspenso” artificial, vamos a incurrir en error. De tal forma que, al igual que en cualquier prueba clínica, podemos tener falsos positivos (aprobar a un alumno incompetente) o falsos negativos (suspender a un alumno competente). Estos falsos positivos y negativos se concentran en las puntuaciones cercanas al punto de corte elegido.

Casi todos los autores coinciden en que es mucho más grave cometer un error falso positivo (certificar que un cirujano es apto para operar cuando no lo es) que un falso negativo (obligar a dicho cirujano competente a recertificarse). El establecimiento del punto de corte en Medicina no sólo tiene el potencial de alterar la vida y planes del alumno, sino de afectar a las vidas de quienes los alumnos certificados como competentes tendrán en sus manos. De ahí la importancia de ser rigurosos en el establecimiento y control de los puntos de corte. Lo que nos lleva a:

Estableciendo el punto de corte: métodos basados en criterios y métodos basados en la media/norma

Antes de diferenciar estos dos métodos, hay que partir de dos premisas. La primera, y muy importante, es que no existe y (seguramente) nunca existirá un “gold standard” en el que no esté implícito una valoración humana. Esto es así, y se resume en los “profesores majos o estrictos” de toda la vida. En el futuro cercano o previsible, existirá un componente subjetivo intrínseco al proceso de evaluación. Sin embargo, debe ser nuestro objetivo reducir al máximo el error de medición y la variabilidad en el que incurrimos por este hecho.

La segunda, y en relación con esta última, es que el establecimiento de un estándar sujeto a valoración humana no puede ni debe ser equivalente al establecimiento de un estándar de forma arbitraria o caprichosa. Para que el punto de corte sea adecuado, el método para establecer este debe ser justo, defensible, validado por estudios, práctico en sus resultados y transparente en su aplicación (Cusimano 1996; Norcini 2003; Cizek 2006). Por esta razón, y debido a la variación en el nivel de dificultad de las pruebas de distintos años, tampoco se podría justificar mantener un punto constante o arbitrario, sea un 5 o 7, a partir del cual se realizen juicios de competencia/incompetencia.

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Sea cual sea el método, los estudiantes de Medicina nos hemos acostumbrado a recibir el aprobado “raspado”, sea con la nota que sea, cómo bendición divina. Viñeta de “Reglas Médicas”.

Por esta misma razón choca tanto que los argumentos (o falta de los mismos) que se esgrimen para defender el aprobado en el x% de las 10 mejores notas se basen en el “siempre se ha hecho así”. Si lo trasladásemos a la práctica asistencial de nuestros profesores, sería el equivalente a que recetasen un fármaco o realizasen una intervención con un nivel de evidencia IV, grado de recomendación D (“consenso” de expertos).

Sin embargo, el establecimiento del nivel de aprobado en función del rendimiento de la clase no una invención. De hecho es uno de los dos grandes métodos que existen para la fijación del punto de corte. Estos son los “Criterion Based Methods” o métodos basados en criterios, en el que se establece un estandar absoluto independiente del rendimiento de los alumnos, y los “Norm-referenced methods” o métodos basados en la media (o norma). El aprobado con el “x%” de las “y” mejores notas entraría dentro de los métodos basados en la media.

Pero, ¿eso significa que lo están haciendo bien los profesores estableciendo el aprobado en función del rendimiento de la clase? Rotundamente, no. Seamos meridianamente claros en este aspecto. Está demostrado que los métodos de evaluación basados en la media, ya sea el 70% de las 10 mejores mejores notas o el 50% de las 5 mejores, no son adecuados para realizar juicios de competencia o incompetencia (Holmes, 1986; Norcini, 1994; Boulet et al., 2003) . Si hay un mensaje que quisiera transmitir con este post, sería éste.

La función de las Facultades de Medicina es actuar como garantes de la competencia de sus graduados. En el caso de Medicina, eso implica certificar que egresamos con los conocimientos y competencias establecidas por el plan de estudios y el BOE. El aprobado en una materia es la certificación oficial de la adquisición de dichos conocimientos y competencias. Dependerá del criterio experto de los profesores (“jueces”) establecer un baremo más o menos estricto para valorar la adquisición de dichas competencias, pero nunca debe o puede depender del rendimiento de los compañeros. La evaluación basada en la media no ata el punto de corte a la adquisición de competencias. La evaluación basada en criterios, sí.

Considerad un examen en el que tu nota dependa del rendimiento de los demás. En función de si tu grupo fuese débil o fuerte, el % de aprobados/suspensos no variaría (la línea roja se desplazaría). Sin embargo, en ese caso no se estaría asegurando la adquisición de competencia (línea roja fija, evaluación basada en criterios)

Al igual, que antes hablábamos de que podría haber evidencia nivel V grado D, ahora estaríamos hablando de un nivel de evidencia IIA/IIB, recomendación grado B fuerte en CONTRA. Y todo esto sin valorar la idoneidad de que un sólo examen teórico sea el baremo empleado para decidir si un alumno es competente o no en una asignatura. Sin embargo, esta metodología se sigue empleando en muchas Facultades de Medicina españolas, lo que nos lleva a la pregunta:

¿De dónde y por qué surgío este método de fijación del punto de corte?

Hemos mencionado por qué es (o debería ser) obligatorio evaluar en función de criterios y no del rendimiento o la media para la certificación de competencia. Sin embargo, son muchas las Facultades que emplean esta metodología, lo que planteá la duda de sí hay algún fundamento o razonamiento detrás de evaluar en función del rendimiento y no de criterios.

Para mi sorpresa al investigar el tema, resulta que sí. Y tiene sus orígenes en los Países Bajos y en un profesor cuyo nombre es Janke Cohen, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Groningen, y quien prestó su nombre al llamado “Método de Cohen” (Cohen‐Schotanus, 2010) para el establecimiento del estándar.

El problema de los métodos basados en criterios es que muchas veces son complejos y costosos. No es la finalidad de este post analizar los distintos tipos de sistemas basados en criterios (el más empleado es el método de Angoff), pero estos se basan en procedimientos largos que requieren la participación del máximo número de profesores posible para asegurar su validez. Es entendible que la aplicación de estos sea vea dificultada por la falta de recursos y la necesidad de repetir el procedimiento anualmente.

Para atajar este problema, Cohen ideó un sistema cuyo objetivo era alcanzar un compromiso entre la evaluación basada en criterios y la basada en la media. Para ello, decidió buscar un factor común y estable en el complicado procedimiento del elección del punto de corte, y que permitiese ajustar los resultados en función de la complejidad de la prueba. Y lo encontró en los mejores estudiantes, o como aquí los conocemos, “las 10 mejores notas”.

Según Cohen, el rendimiento de los mejores estudiantes, aquellos que han dominado la materia, debería ser relativamente constante y resistente a los cambios de metodología de año a año. Sin embargo, su rendimiento en el exámen debería verse afectado invariablemente por la dificultad de este. Por lo tanto, Cohen planteó un método que se basaba en el rendimiento de los mejores estudiantes (percentil 95, suponiendo distribución normal) como factor.

La fórmula simplificada, eliminando la correción para el azar que en España se suele computar directamente en el sumatorio de puntos es la siguiente:

Nota de corte = 0.6 x (Media en % del p95)

Os suena de algo? He aquí el gérmen del famoso “aprobado en el 75% de las 10 mejores notas”. Sin embargo, y cómo es habitual en nuestro medio, hemos pervertido el modelo de Cohen, que de por sí presentaba serios problemas de planteamiento, para acabar con nuestra “interpretación” particular.

Por qué el método de Cohen no es una solución aceptable

Seguramente os haya llamado la atención que la media se multiplica por 0,6. En mi Facultad, dependiendo de la asignatura, ese 0,6 es un 0,7 o 0,75. ¿De dónde sale esta factor corrector? ¿Por qué el 75% de las 10 mejores y no el 70%? La respuesta es decepcionantemente simple, y aparece en el artículo de Cohen donde describe su propio método. Es completamente arbitrario. Cohen eligío un 0,6% por que es la nota de aprobado que más se empleaba en los Paises Bajos. Al igual que con nuestra interpretación, incumple una de las premisas esenciales de el establecimiento del estándar, el de no arbriteriedad.

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El establecimiento del nivel de aprobado corresponde en muchos casos a criterios arbitrarios, o, como en este caso, maldad absoluta. Viñeta de “Reglas Médicas”.

De hecho, no existe ningún componente basado en criterios en el cálculo de la nota, con lo que ya no podríamos hablar de un sistema de compromiso, sino un sistema basado en la norma. Y ya hemos comentado por qué no son aceptables los sistemas que no son basados en criterios. Sin embargo, no sólo es una cuestión de sistema basado en norma vs basado en criterios. En el artículo donde Cohen expuso su sistema, hizo un análisis retrospectivo pormenorizado sobre exámenes históricos del efecto que su método tendría sobre la variabilidad de los porcentajes de aprobado. Demostró que con su método existía menor variabilidad en los grupos de suspensos/aprobados entre años y mayor porcentaje de aprobados.

Carecemos de cualquier estudio similar para nuestro medio. Sin dicho análisis, y sin tener en cuenta el efecto que tiene el ajuste del multiplicador de 0.6 a 0.75 (¡15% de diferencia!), es irresponsable suponer que este método tiene validez en nuestro entorno para la evaluación de estudiantes de Medicina españoles. Y tampoco se puede demostrar que “salva o aprueba a muchos alumnos al corregir para la dificultad”, ya que al cambiar el factor corrector y al carecer de estudios es imposible realizar esa afirmación.

Otro gran problema del método de Cohen es su elección de los “10 mejores expedientes” como factor corrector. No se puede asegurar que la media del percentil 95 sea un indicador fiable de la dificultad del examen. Esto se debe a varias razones:

  • La epidemia de plagio que existe en las Facultades de Medicina. Si no se es capaz de certificar la validez de las 10 mejores notas al carecer de normativa sancionadora contra el plagio o medidas anti-plagio como distintos modelos de exámen,  no se pueden emplear los mejores expedientes cómo factor corrector.
  • Dependiendo del diseño del exámen, es perfectamente posible que el método de Cohen produzca falsos negativos (suspensos) desmesurados en el caso de que el examen no discrimine adecuadamente entre estudiantes “buenos” y “malos”.
  • En el artículo original de Cohen, se demostró menor variabilidad (validez interna), pero en ningún momento se llegó a analizar la relación entre el punto de corte y el nivel de competencia deseable (validez externa), algo fundamental para poder elegir una herramienta que se empleará para discriminar entre estudiantes competentes e incompetentes.

Además de factores metodológicos, hay que tener en cuenta factores prácticos y éticos. Uno de los más perjudiciales es el efecto que tiene pasar de un 7 sobre 10 a un 5 de 10 en tu expediente, al haberse establecido el aprobado en un 7. Hay una razón por la que tenemos los peores expedientes de todas las facultades de España, por muchos que luego compensemos con creces en el examen MIR. Por otra parte, dicho sistema genera muchísima competitividad y frustración interna el “competir” contra tus compañeros para poder aprobar. De hecho, muchos paises anglosajones están adaptando sistemas de aprobado/suspenso sin notas para sus programas de Medicina, que han demostrado reducir niveles de estrés, aumentar la cohesión de grupo y no impactar negativamente en su nivel de habilidades. Posición diametralmente opuesta a la nuestra.

Cómo resumen, carecemos de la evidencia y la solidez metodológica necesaria como para emplear el método de Cohen con un modificador de 0,7 o 0,75 para establecer el punto de corte en nuestro medio.

¿Qué alternativas existen?

“¿Entonces, qué hacemos para corregir para el nivel de dificultad del examen?”. Hay varias soluciones. Por una parte, un examen bien construido empleando criterios (usando el método de Angoff o similares) de por sí establece un nivel de aprobado que no debería necesitar de ajuste. En caso de necesitarlo, hay varios métodos que se pueden aplicar, además de la posibilidad de anular preguntas con un porcentaje de fallos superior al 95% (poco discriminatorias). La guía de la AMAA incluye un método para el ajuste de preguntas empleando “preguntas marcador” o repetidas entre años para estimar el nivel de dificultad del examen respecto a otros años.

Método usado por el “Royal College of Surgeons” de Australia en la corrección de sus exámenes de certificación

Sobre qué método basado en criterios se debería emplear, cómo hemos mencionado antes, no hay consenso. La guía de la AMAA recomienda un método “pragmático” basado en preguntas clasificadas según su nivel de importancia y dificultad. Otros abogan por un método de Cohen modificado, que establece el factor correcto y el percentil a través de análisis histórico de exámenes previos.

Método “pragmático” para establecer la nota de corte de un examen.

Para terminar, me gustaría recordar que este es un sólo fragmento del complejísimo entramado que es el desarrollo y empleo de pruebas de evaluación. Tenemos muchos deberes pendientes en el establecimiento de pesos, calendario de exámenes, evaluación contínua, evaluación práctica y muchos otros temas igual o incluso más importantes que este. Siempre recordando que el objetivo de los exámenes de la carrera no es ordenar a los alumnos de peor a mejor, sino certificar la adquisición o no de competencias.

Lo que está claro es que tenemos que cambiar nuestro enfoque hacia la docencia. Debemos pasar de el “siempre se ha hecho así” y “yo soy el catedrático” a un análisis somero, basado en la evidencia y completo de nuestra metodología de evaluación.

Espero que hayáis disfrutado con el post :). ¿Qué opinaís sobre los métodos de evaluación en las Facultades de Medicina españolas? Dejad vuestro comentario abajo.

Recursos de e-salud para pacientes. ¿Cuál es la evidencia?

¡Hola queridos lectores! Hoy vamos a hablar de un tema que me apasiona y que se encuentra en la intersección entre las nuevas tecnologías y la medicina. En concreto, vamos a hablar de recursos de e-salud para pacientes y la evidencia que los avala. No es la primera vez que se me había cruzado por la cabeza la idea de prescribir páginas web, especialmente a familiares y en pacientes con enfermedades crónicas, pero nunca me había parado para analizar la literatura al respecto. Así que aquí estamos, y para empezar, veamos en qué consiste exactamente un recurso de e-salud:

¿Qué entendemos por e-salud?

La definición de e-salud es extremadamente amplia. Tanto es así que un review de la literatura existente encontró más de 51 (¡!) definiciones distintas para este término. En líneas generales, podemos entender e-salud como un término paraguas que engloba cualquier herramienta o recurso que se basa en la aplicación de nuevas tecnologías e internet a la salud. Según esta definición, e-salud incluiría cosas como la Historia Clínica Electrónica, programas de apoyo a la decisión clínica (UpToDate), telemedicina y muchas más. Dentro de e-salud, nos interesa desgranar algunas de sus partes para esta entrada:

  • Informática de la Salud: rama de la informática que busca mejorar los procesos en el ámbito de la salud. Dentro de la informática de la salud, se encuentra el concepto “consumer health informatics” o informática de los consumidores, que, a grandes rasgos, hace referencia a las herramientas y recursos empleados por los e-pacientes en el cuidado de su salud. A partir de ahora, haremos referencia a estos recursos cuando hablemos de e-salud.
  • e-paciente: aquel paciente que participa activamente en el cuidado de su salud empleando herramientas de e-salud. Se suele usar como sinónimo de paciente “empoderado” o 2.0.
  • m-Health: el empleo de dispositivos móviles de comunicación en el ámbito de la salud. Incluye las famosas apps de salud, tanto para médicos como pacientes.
  • w-health: el empleo de accesorios electrónicos portátiles como relojes, bandas o camisas, capaces de recoger información biométrica para su posterior análisis y empleo por parte del usuario.

Si tras leer las definiciones pensáis que lo de e-paciente y e-salud se restringe a “cuatro gatos”, pensad otra vez. El paciente que acude preocupado a la consulta o Urgencias tras buscar información médica en internet es extremadamente común. Tan común que más del 70% de los pacientes en España lo hacen, atendiendo a los resultados del Informe Doctoralia sobre Salud e Internet 2015. Este informa arroja otros datos interesantes, como que la mitad de los pacientes están suscritos a boletines o páginas web de información sanitaria, y que el 80% recurre a internet para información sobre su tratamiento y segundas opiniones.

Aunque la n es relativamente pequeña para los pacientes encuestados en nuestro medio (n=412), y existe un claro sesgo al haberse distribuido la encuesta vía internet, destaca que no se trata exclusivamente de pacientes jóvenes. De hecho, el perfíl típico de e-paciente (sin considerar aquellos pacientes que además usan móviles o “wearables”) es el de un varón de más de 60 años, con un estado de salud regular o malo que condiciona múltiples consultas a lo largo del año. Curiosamente, el nivel educativo no parece influir en ser un e-paciente. Un 24% de los pacientes además emplean herramientas y apps moviles en el cuidado de su salud, y solo un 14% utiliza “wearables”, como medidores de frecuencia cardiaca.

¿Qué recursos de e-salud consultan los pacientes?

“Es que tenía un dolor de garganta, y miré en google que…”

Como os podréis imaginar, no es tan importante el hecho de acceder a información sanitaria en internet como a qué tipo de información se accede. Según Antonia Horden et al, podemos identificar cinco tipos principales de fuentes a las que acceden los pacientes para información sanitaria:

  1. Grupos y foros de soporte de pacientes online (asociaciones de pacientes).
  2. Herramientas de auto-medición y auto-manejo de la enfermedad.
  3. Herramientas de apoyo a la decisión clínica destinadas a pacientes.
  4. La historia clínica personal.
  5. Búsqueda en internet.

Como vimos antes, el número 5 (y quizás el número 1) son las que más uso ven en nuestro medio, y los que discutiremos en esta entrada. Los pacientes con una duda sobre su salud generalmente consultan primero en buscadores como Google o Yahoo. Como os podeís imaginar, esto lleva un peligro asociado grande, especialmente cuando se busca información sobre síntomas agudos, como dolor torácico. Incluso cuando se usan estas herramientas para buscar información sobre síntomas no agudos o dudas generales, surgen serios problemas a la hora de separar qué información es fiable y cuál no.

Aunque existen páginas webs con consejos sobre cómo separar la paja del trigo, como la del Instituto Nacional contra el cancer de Estados Unidos, estos no son seguidos por todos los pacientes. Concretamente, sólo un 35% de los pacientes que consultan información en internet verifican la validez de dicha información, y un 90% asume que es correcta según una encuesta realizada a pacientes australianos.

El problema aumenta cuando hablamos de recursos de e-salud en español. Aunque existen páginas de alta calidad científica en este idioma para pacientes (destaca Medline Plus en español), estas suelen ser traducciones de contenido existente americano. En un estudio de 2001, sólo un 12% de los vínculos en la primera página de resultados de Google llevaban a sitios con información clínica útil en castellano. Esto, unido a la falta de páginas web institucionales propias del SNS, crea un océano peligroso que los pacientes, con sus miedos e incertidumbres, deben navegar. Y no todos llegan a buen puerto.

Por último, una mención especial a las redes sociales como Twitter o Facebook, que están siendo empleadas cada vez más por los pacientes en la búsqueda de información sanitaria. En nuestro medio, destacan perfiles de algunos profesiones como el Dr. Salvador Casado (@doctorcasado), que publica material de alta calidad y orientado a los pacientes. Aunque comparten algunas desventajas con las búsqueda en Google tradicional, presentan múltiples ventajas, como un mayor grado de interacción y una información más personalizada y adaptada al paciente.

¿Dónde está la evidencia?

Tabla resumen de los distintos beneficios y riesgos de recursos de e-salud

No todo iba a ser negro. Aunque es cierto que estas herramientas mal usadas pueden ser perjudiciales para los pacientes, los beneficios cuando se les da un uso adecuado son enormes. Volviendo al artículo de Antonia Horden et al, nos encontramos con esta magnífica tabla que nos resume las ventajas e inconvenientes de estas herramientas. Un buen uso, guiado y apoyado por el profesional sanitario, puede aportarle al paciente (entre muchos otros beneficios):

  • Casi la mitad de los pacientes encuestados en el estudio de Gauld sobre pacientes australianos comunicaron una mejor relación con su médico al discutir sus hallazgos con él, y un 80% opinaba que la información que habían buscado mejoró su plan de tratamiento.
  • Los pacientes que consultan información sanitaria en internet acuden a la consulta con mayor conocimiento sobre su enfermedad y mayor confianza.
  • Respecto a las redes sociales, estas aportan beneficios no solo a los pacientes, sino a los médicos también. Entre ellos se encuentran una mayor interración y la posibilidad de influir directamente en la política sanitaria, beneficios que no aporta ninguna otra herramienta.

Sin embargo, queda una gran incógnita, ¿hay datos que muestren un beneficio en variables tales como mortalidad, cumplimiento terapéutico o reingresos? La definición tan amplia de qué constituye una herramienta de e-salud y su enorme variabilidad de empleo hace dificil su valoración. Sin embargo, sí parece haber beneficios claros al valorar una herramienta en concreto, las herramientas de auto-manejo de la enfermedad. Sin meternos en auto-medición (mediciones de glucosa, TA etc), un meta-análisis de intervenciones en Primaria demostró beneficios claros en enfermedades como diabetes, hipertensión arterial e incluso EPOC. Parece que los beneficios no solo se limitan a la esfera del paciente, sino que pueden tener beneficios económicos y en la planificación del SNS, como objetiva este estudio europeo. Sin embargo, estos estudios no especifican adecuadamente qué herramientas de e-salud (para pacientes, profesionales, etc) se emplearon, y faltan detalles sobre implementación y estrategias concretas.

En resumen, hay un vacío importante de estudios que valoren la eficacia de estas herramientas. Aunque existen datos como encuestas o estudios que muestran beneficios claros, su novedad y gran heterogeneidad parece limitar su valoración crítica. Parece lógico asumir que, usadas correctamente y con el apoyo del médico, se pueden obtener grandes beneficios en el manejo y hasta en los resultados de los pacientes.

¿Hacia donde estamos avanzando?

El pasado 5 de noviembre, el Hospital Clínico San Carlos organizó la sesión “Incubadora de Ideas”, donde Nacho H. Medrano (@ihmedrano) nos dejó esta maravillosa frase: “Mucho antes de lo creemos será mala praxis no consultar con una inteligencia artificial”. Pues bien, yo me atrevo a decir que mucho antes de lo que creemos, será mala praxis no recetar recursos de e-salud a nuestros pacientes, si es que ya no lo es.

Recientemente, la página web iMedicalApps ha lanzado un proyecto llamado “Iprescribeapps“, una web destinada a proporcionarle a los médicos apps y recursos e-salud avalados por evidencia científica para sus pacientes. Aunque el proyecto se encuentra actualmente en fase beta, es probable que veamos más iniciativas como esta en el futuro cercano, y su eventual inclusión en la práctica clínica habitual en el SNS. De hecho, ya existen algunos programas y estudios piloto que parecen avalar sus beneficios.

Definitivamente, lo que no podemos hacer es mantenernos impasibles frente a estos avances, y mucho menos cabrearnos con los pacientes que consultan con el Dr. Google. Somos curiosos por naturaleza, y más cuando se trata de nuestra salud. En lugar de enfurruñarnos y ver esa curiosidad como una afrenta a nuestros conocimientos y dedicación, deberíamos verlo como interés genuino y preocupación.

Como ya nos adelantaba Bob Dylan:
“Come mothers and fathers throughout the land, and don’t criticize what you can’t understand. Your sons and your daughters are beyond your command, your old road is rapidly agin’. Please get out of the new one if you can’t lend your hand, for the times they are a-changin’.”


El tema de la e-salud da para varias tesis, y me he dejado muchas cosas en el tintero. Si os interesa el tema de e-salud y queréis profundizar más, os recomiendo “e-salud y las nuevas reglas del juego” de Juan Toral (@juatorsan).

Relatos de un ficus: Segunda Parte

En esta serie de artículos, Elena Armas y yo analizamos el estado de la formación clínica práctica de estudiantes de Medicina en España. Retomando la línea del post de Elena, hoy analizaremos porqué tenemos las prácticas que tenemos.

“Ver, oir y callar”. Ésa es la frase más repetida para describir la situación que vivimos los estudiantes de Medicina en las prácticas hospitalarias. Y a pesar de su crudeza, es la descripción que más concuerda con mi experiencia personal estos últimos dos años.

La viñeta de Reglas Médica que da el nombre a esta entrada y resume la situación del estudiante de Medicina Español.

La viñeta de Reglas Médica que da el nombre a esta entrada y resume la situación del estudiante de Medicina Español.

En la entrada anterior, Elena nos introducía a las dudas, frustación y desmotivación que el sistema de rotaciones clínicas produce entre sus sufridores. Pero, ¿cuál es la causa del sistema roto en el que nos formamos? ¿Por qué se trabaja con la concepción de que “ya aprenderás Medicina en el MIR” o se presupone que un R1 llega sin apenas saber historiar?

Como casi todas las enfermedades que estudiamos, contribuyen varios factores. Para este post, he decidido concentrarme en las dos que influyen, desde mi punto de vista, de forma más directa, además de realizar una breve comparativa con cómo se organizan las prácticas en otros países y carreras. Y empezamos con uno de mis temas favoritos:

Falta de regulación del estudiante en prácticas

Este tema daría (y dará) para un post propio. La cruda realidad es que, a día de hoy, el estudiante de Medicina no tiene un papel definido en el Hospital. Es dificil tener unas prácticas de calidad cuando el adjunto, o lo que es más común, el residente con el que te encasqueta (que a diferencia del adjunto adscrito a la universidad no cobra por docencia) no tiene ni idea de qué debes hacer ahí. Por desconocimiento y por miedo, (“si la lía el estudiante, ¿me puede caer el puro a mí?”) solemos ser poco más que muebles de consulta. Tampoco ayuda el hecho de que, por horario (y muchas veces vaguería nuestra), irrumpimos en medio del pase de planta, y nos vamos antes de que este acabe. No sólo no tenemos un papel asignado, sino que nuestras rotaciones están tan mal planteadas que en cuando empiezas a integrarte en el equipo, a las dos semanas, toca cambiar de Servicio.

“¿Y yo que hago ahora con este estudiante que no conozco de nada que me viene en la mitad de la consulta?”

Algunas Universidades elaboran cuadernos de rotación donde enumeran las competencias que tienes que adquirir en cada rotación. Pero el papel lo aguanta todo, y no sirve de nada decir que los alumnos tienen que salir sabiendo interpretar un electrocardiograma si durante la rotación no se les enseña, se hace practicar y, finalmente, se evalúa esta habilidad. Tampoco ayuda que estas habilidades tienen que adquirirlas los propios residentes rotantes (ya que no se les enseño durante la carrera), que normalmente tienen prioridad sobre nosotros.

Hay honrosas excepciones a lo que acabo de escribir, y Universidades (como la Complutense de Madrid) que ofertan periodos de rotación más largos con horarios similares a los residentes y adjuntos del servicio. Sin embargo, es común que los estudiantes no tengamos un tutor único asignado, y que cambiemos de médico casi a diario, con lo que esto implica para nuestro seguimiento y evaluación.

Falta de implicación y supervisión académica

La primera duda que salta a la cabeza ante todo este descontrol es “¿Y por qué no intervienen los responsables?”. La respuesta es decepcionantemente simple: tanto las Universidades como la ANECA son organismos inútiles a la hora de garantizar el cumplimiento de una buena docencia. La ANECA es la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación. Su función es la de control de calidad, verificando y acreditando los planes de estudios conforme a las competencias que debe adquirir un médico. Teniendo en cuenta la enorme disparidad de planes de estudio entre las distintas Facultades, y que muchos de estos se aprobaron sin impartir competencias establecidas por el BOE (como enseñar RCP), no veo necesario entrar en detalles sobre su utilidad como institución.

Sobre las Universidades, la triste realidad es que su enfoque no es el alumno. Las Facultades españolas se encuentran fracturadas en pequeños reinos de taifas llamados Departamentos, que luchan entre sí por financiación y prestigio. Y en esa lucha los que acabamos perdiendo somos los alumnos, ya que las monedas de cambio empleadas son inflar de créditos asignaturas o jactarse de ser los que más alumnos suspenden. La mayoría de las reuniones se centran en temas de asignación de plazas de profesorado o investigación, mencionando de refilón los asuntos docentes. A la hora de la verdad, los órganos que supuestamente deberían imponer orden y defender a los estudiantes (como el Equipo Decanal) esconden la mano en miedo a represalias o a “crear tensiones”.

Retrato de una reunión departamental típica: “No, es MI presupuesto, y es MI asignatura la mejor”

Resumiendo, se entremezclan temas presupuestarios, burocráticos y departamentales, entre los que destaca una clara falta de compromiso e interés institucional. Una frase que he oido mucho es que “el sistema está perfectamente diseñado para obtener los resultados que obtiene”. Y es que hemos elaborado entre todos un sistema en el que la Universidad es un mero trámite, donde los conceptos teóricos importantes se sientan y evalúan en el MIR, y no se aprende medicina “de verdad” hasta la residencia.

¿Cómo lo hacen en otros carreras sanitarias? ¿Y en otros países?

Enfermería: En España, las prácticas de los estudiantes de enfermería suelen empezar en 2º, y su duración suele ser de un mes mínimo por servicio. A diferencia de los estudiantes de medicina, los estudiantes de enfermería en el hospital hacen casi todas las labores que se esperaría de una enfermero, siempre bajo supervisión de un tutor (que suele ser uno solo). Hablando con varios compañeros enfermeros, es casi impensable que a un estudiante de enfermería no se le haga caso o vaya simplemente a mirar. El día a día de un estudiante de enfermería en cursos clínicos depende del servicio (general vs especializado), pero un día típico es:

  • Tomar constantes (Sólos)
  • Preparar y cargar medicación (dependiendo del curso y el enfermero, solo, con supervisión o sólo mirar)
  • Atender a los pacientes poniendo vías, sondando… (Igual que el punto previo)
  • En cursos más básicos o cuando no hay tareas de enfermería, los estudiantes asisten en las labores de auxiliar (movilizaciones, higiene de pacientes etc)
  • Los espacios muertos se suelen completar con docencia por parte de los enfermeros (explicar patologías, enseñar técnicas, revisar historias y cuidados pacientes)

EEUU: En Estados Unidos, la carrera dura cuatro años y se accede a ella como postgrado. El primer año se dedica a ciencias básicas, el segundo a lo que sería el equivalente a 3º en España (bases de la patología) y los dos restantes para formación clínica (eminentemente práctica). Desde primero suele haber un contacto precoz con los pacientes, pero lo que más diferencia a EEUU de nosotros, es que se espera mucha más responsabilidad por parte de los estudiantes. Tanto es así, que son los propios estudiantes los que llevan algunos pacientes en los servicios, siempre con supervisión. Se presupone que todos los estudiantes se deben lavar y participar activamente en las cirugías. Los estudiantes no sólo cuentan con una clave de acceso que les permite acceder a la historia clínica de los pacientes, sino que sus credenciales les permiten escribir evolutivos y pedir pruebas, que deben ser validadas por el médico responsable.

Francia: Francia tiene un sistema muy parecido al español, con una duración de seis años y un reparto muy similar. Una de las diferencias más llamativas es que los estudiantes en prácticas reciben una remuneración, que puede acceder hasta 250 € mensuales. Más allá de la renumeración, destaca que los estudiantes franceses tienen un rol y una involucración claras en la asistencia del paciente. En palabras de David Torres, que realizó un intercambio de IFMSA ahí: “Los estudiantes franceses tienen labores muy definidas en el hospital, tienen su “trabajo” que no es labor del residente. (…) el estudiante en Francia, es uno más del equipo terapéutico y por tanto se espera una respuesta y esfuerzo consecuente. A partir de la 2º semana, tenía mis pacientes de los que yo era responsable.”

Chile: La carrera de medicina en Chile dura siete años. Los cinco primeros años son más parecidos a los nuestros, mientras que los dos últimos (denominados internado) son un “R0” de verdad. Se rota por todos los servicios importantes para un médico general (pediatría, ginecología, medicina interna), siguiendo un modelo de responsabilidad parecido al americano, e incluso mayor. Tanto es así que se depende muchas veces de los alumnos internos para que un servicio funcione adecuadamente. En muchos países de Latinoamérica, es común que los estudiantes pasen una temporada larga en medio rural actuando como proveedores sanitarios, con escasa o nula supervisión.

Aunque existen diferencias importantes entre los cuatro ejemplos anteriores, todos comparten un enfoque práctico claro y responsabilidad por parte del estudiante, un enfoque que brilla por su ausencia en la mayoría de las facultades de medicina españolas.

La responsabilidad no es algo que adquieras mágicamente con el título, sino que se debe ir asumiendo a lo largo de la carrera.

La responsabilidad no es algo que adquieras mágicamente con el título, sino que se debe ir asumiendo a lo largo de la carrera.

¿Qué podemos hacer?

No sirve de nada preguntar, analizar y criticar si luego no usamos esa información para plantear soluciones. La educación médica en España no va a transformarse de la noche a la mañana, pero con un cambio de mentalidad es posible evolucionar hacia un modelo más racional, más eficiente y, por qué no, más divertido y llevadero para los estudiantes de Medicina. No solo lograremos salir mejor formados, sino que evitaremos gran parte de la desmotivación y “burn out” que ya empezamos a ver desde los primeros cursos. Lo importante no es solo concienciarnos de que existe un problema, sino sumar y trabajar juntos para poder tener esas prácticas que nos imáginabamos cuando entramos en primero. Al igual que en la práctica médica, no tiene sentido competir contra tus compañeros, por mucho que algunas asignaturas y el MIR quieran inculcarte lo contrario.

En la próxima entrada, hablaremos de medidas concretas que puedes aplicar para mejorar tu docencia. ¡Hasta entonces!

Me gustaría agradecer a Elena Lopez, Beatriz Granero, David Torres, Jorge Reyes e Iván Hernández, que han colaborado proporcionando información sobre las prácticas en otros paises y en enfermería. Y sobre todo a Elena Armas, como correctora de estilo y porque sin ella no hubiesen surgido estos posts. ¡Gracias!

Mi VIII Congreso de Educación Médica

El fin de semana pasado se celebró en la Universidad Complutense de Madrid el evento organizado por y para estudiantes de Medicina más grande de España, el VIII Congreso de Educación Médica. Y no solo para estudiantes de Medicina; el CEM se ha convertido en el evento de estudiantes más multitudinario de España. 1200 asistentes y 3 días de charlas y talleres prácticos de altísima calidad lo convierten en un evento único. Para los que no hayaís podido asistir o nunca habiaís oido hablar del CEM, empezamos este post con un breve repaso de en qué consiste exactamente un CEM.

¿Qué es el Congreso de Educación Médica?

El Congreso de Educación Médica (CEM) es un evento anual organizado por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la delegación de alumnos de la Facultad de Medicina elegida como sede. Son estos últimos los que se encargan del grueso de la organización, con el apoyo del CEEM para la búsqueda de patrocinadores y el programa científico. La primera edición se celebró en Alcalá, y ya nos encontramos en la VIII itineración de este evento, que ha ido creciendo y mejorando con los años.

El formato del CEM varía entre ediciones, pero su esencia es siempre la misma: dotar a los asistentes de formación en aspectos de la Medicina que se desarrollan poco o se omiten durante la carrera. El programa científico se suele dividir en tres formatos: Mesas redondas, charlas o talks y talleres prácticos. Los asistentes pueden elegir (en función de las plazas) qué contenido les interesa más y elaborar sus propios itinerarios. Al ser la oferta de programa tan amplia, cualquier estudiante puede sacarle provecho a este evento, ya sea de 1º o de 6º.

Mientras que las mesas redondas reunen a personajes claves para debatir sobre temas de actualidad y las charlas a expertos en un determinado tema, los talleres suelen ser mucho más prácticos. En ellos, se aprenden habilidades, como es el caso de la imagen (intubación).

Quizás lo más llamativo de este evento (además de su contenido) sea su precio. La inscripción no suele superar los 30 euros, incluyendo comidas. La relación calidad/precio, especialmente en comparación con otros eventos para estudiantes (ni hablar ya de los congresos médicos de “mayores”) es la más alta que se puede encontrar. Esto es posible gracias al patrocinio de múltipes empresas como Elsevier or Littman, entre las que por cierto no figura ninguna farmacéutica.

¿Cómo ha sido el VIII CEM de este año?

He tenido la suerte de asistir a todos los CEM desde la III edición, incluyendo la IV en mi universidad, que ayudé a organizar como Vicepresidente del Comité Organizador. Aunque con los años y la experiencia de la carrera he aprendido a sacarle más rendimiento a este tipo de eventos, esta edición ha sido especialmente provechosa. Os resumo las claves que han convertido al VIII CEM en una de las ediciones más especiales:

Programa Científico

Sin lugar a dudas este ha sido el punto estelar de este congreso. No he salido de ninguna charla o taller sin haber aprendido algo nuevo. El nivel de los ponentes y las charlas ha sido altísimo en todos los sentidos. Y no solo el nivel, sino la variedad también. Mientras en una charla nos informaban sobre los pasos y opciones para hacer la residencia en el extranjero (¡Gracias @frivasnavarro !), en otra nos hablaban sobre los claro-oscuros de la relación de la industria con la profesión (En la que participaron personajes tan insignes como @MAecocardio , secretario de la Sociedad Española de Cardiología). Todo esto sin contar los magníficos talleres prácticos en los que (por fín y tras 5 años de carrera) he aprendido a intubar y realizar sondajes vesicales.

Extracto de la charla sobre relación de la industria con la profesión. El representante de Philips Healthcare nos muestra los increibles avances de las ténicas de imagen.

Quizas lo único que he echado en falta ha sido más detalles e información sobre el contenido de las charlas y talleres, especialmente a la ahora de decantarme por uno u otro. Esto es dificil ya que muchas veces estos sufren cambios, pero desde luego sería algo a valorar para futuras ediciones. Otra cosa que me gustaría ver en ediciones posteriores es la creación de una biblioteca virtual con las presentaciones e imágenes empleadas durante el congreso. No suele haber problemas a la hora de escribirle a los ponentes para obtener estas, pero facilitaría mucho las cosas.

Organización y logística 

Hay que tener en cuenta que prácticamente toda la organización la llevan a cabo estudiantes de Medicina, que tienen sus exámenes, sus clases y sus vidas. En ese sentido, es todo un logro que sean capaces de sacar adelante un evento de esta magnitud y con tan pocos problemas. Siempre surgen complicaciones, tanto antes como durante el congreso, y algunas de ellas graves (que se caiga un ponente o que cancelen el catering). Sin embargo, y gracias a muchísimo esfuerzo, lágrimas y sudor, no ha habido ninguna incidencia insalvable durante esta edición.

Lo que más he echado en falta es una mayor señalización a la hora de encontrar las charlas y talleres. La disposición de la facultad no ayudaba, pero el reparto y la búsqueda de los locales fue muy dificultosa, especialmente durante el primer día. Una buena señalización, montar un stand de información, puntos de encuentro, repartir planos e ir en grupos (cosas que se hicieron los últimos días) son posibles soluciones a este problema. También he echado en falta más presencia en las redes sociales durante el evento, una herramienta muy útil que se usó en algunos congresos pasados.

Por último, y teniendo en cuenta el enorme éxito y aforo del CEM, hay que empezar a plantearse si es sostenible que estos eventos los sigan organizando estudiantes con poca ayuda externa y de forma voluntaria. Quizás estemos llegando al punto en el que sea necesario externalizar ciertas partes de la organización, en pos de la salud mental y física de los organizadores.

Ha sido gracias al trabajo y dedicación de los ayudantes y CO (todos ellos estudiantes de Medicina) que hemos podido disfrutar de este evento único. ¡Gracias por vuestro sacrificio y dedicación!

Recomendaciones para aprovechar un CEM

En resumen, ha sido un gran evento organizado por grandes personas. Para acabar, me gustaría cerrar con una serie de recomendaciones que a mi me han servido para sacarle el máximo provecho a este tipo de eventos:

  • Tuitea durante las charlas. Sí, parece contraintuitivo que estar pendiente de una red social durante una charla ayude a sacarle provecho, pero es una de las mejores formas de prestar atención. Hacer une retransmisión para tus followers te ayuda a estar pendiente de los puntos, y sintetizar lo que se está transmitiendo. Muchos ponentes tienen cuenta de Twitter, y es una buena forma de conectar con otros asistentes. Como todos estos consejos, depende mucho de como eres. Si crees que estar con el movil o tableta delante te va a acabar distrayendo, mejor déjalos en tu bolsillo o mochila.
  • Tómate descansos y duerme bien. A todos nos gusta el plan social, salir de fiesta hasta las 4… Pero a los organizadores y ponentes que dan sus charlas no les gusta tanto ver a gente durimíendose o directamente sillas vacías. Ambas cosas no son mutuamente excluyentes, pero ten en cuenta tu “resistencia” e intenta dejar las fiestas más “duras” para el último día. Las comidas son un buen momento para recargar las pilas con una pequeña siesta, igual que los coffee breaks.
  • Elige bien las charlas. Intenta elegir aquellos talleres y charlas que traten sobre temas que no des a lo largo de la carrera. Estos pueden ser desde habilidades prácticas como suturar hasta como tratar con pacientes con discapacidades. Por último, si no puedes elegir tu primera opción, no te preocupes. Casi todas las opciones acaban mereciendo la pena.
  • Haz “networking”. Si te apasiona un tema o estás realizando un proyecto relacionado, no tengas miedo en quedarte a hablar con el ponente después de su charla. Aprovecha los stands de los patrocinadores para inscribirte en concursos o conseguir información de las academias y libros de texto. Y, ¡haz amigos! Que asistan estudiantes de Medicina de toda España es uno de los mayores atractivos de este evento.

El próximo CEM (IX CEM, qué vértigo) ya tiene sede y fecha. Será en la Universidad de Córdoba y a finales de Marzo, concretamente el 31 de ese mes y el 1 y 2 de Abril. Es el primer año en el que contamos con dos CEM en un mismo curso escolar, y para los que no pudisteis acudir al VIII CEM en Madrid (y también para los que fuisteis), os recomiendo que no desperdicies la oportunidad de acudir. Es una experiencia inolvidable en todos los sentidos.

¡Nos vemos en Córdoba :)!

Relatos de un ficus: Primera Parte

Damos comienzo a una serie de artículos en los que Elena Armas (estudiante de 5º de Medicina en la UCM) y yo analizaremos el estado de la formación clínica práctica de estudiantes de Medicina en España. En esta entrada, Elena nos resume la situación actual del estudiante de Medicina medio durante sus rotaciones.

“¿Qué se espera de mí en este Servicio?” Ésa es la pregunta que me he hecho y he realizado cada vez que he empezado una rotación. Y siempre, independiente de la respuesta, he llegado a la misma conclusión: tanto la persona que tengo delante como yo no tenemos ni idea de la respuesta. La situación de los estudiantes de Medicina en España es muy particular. Por un lado tenemos unos estudios que están muy valorados por la comunidad universitaria, tanto por la profesión a la que conducen como por el perfil académico del estudiante que los requiere; pero por otra parte vemos grandes dosis de agobio, apatía y desinterés en nuestro día a día.

En líneas generales cuando empezamos la carrera lo hacemos con mucha ilusión, vemos el calendario y no podemos dejar de pensar en la enorme cantidad de horas de prácticas que aparecen. Las cosas cambian cuando te das cuenta de que muchas prácticas de asignaturas básicas son en realidad seminarios, que a su vez es un eufemismo para denominar a una lección más larga de lo normal, ya que además suele acompañarse del clásico formato de clase magistral al que estamos acostumbrados.

No obstante, nos obstinamos en pensar que todo cambiará, y que cuando lleguemos al Hospital la vida será más bella, los prados más verdes y las estrellas más brillantes. Es entonces cuando la cruda realidad entra en juego. Primero te encuentras con que, de hecho, nadie tiene muy claro cuál es tu papel y qué deberías de hacer o no. Luego, con que a casi nadie le importa.

Al menos de esta forma, nos hubiesen dado algún uso

Pero la verdad no es unilateral, y es por eso que el otro día me hice una pregunta, ¿qué vino antes? ¿El personal desmotivado o el estudiante pasota?

En mi carrera me he encontrado con médicos, residentes, enfermeros y auxiliares maravillosos, muy docentes, con energías y ganas de enseñar, pero hay épocas en las que se diluyen y parecen los menos. Y es que no es raro entrar en un Servicio y ver que a tu paso todo son caras largas y miradas de hastío. Todo ello teniendo en cuenta que tú no sólo has pagado por estar ahí, sino que además has tenido que luchar para ello.

Después del maravilloso recibimiento, casi de favor, te dejan estar con alguien con el que, en muchos casos, la filosofía será la de ver, oír y callar. Y es que cuando las respuestas a tus preguntas son monosilábicas, deduces que es inútil seguir insistiendo. No se te ocurra ya pensar, ni mucho menos, que podrás hacer algo.

Cabe destacar que, si bien podemos deducir que la función primordial de un Hospital Universitario debiera ser la de formar estudiantes, y hoy en día se vea relegada no a un segundo, sino en muchas ocasiones a un último plano, hay muchísimas circunstancias atenuantes: saturación de alumnos (no sería la primera vez que en una misma consulta estamos un adjunto, un residente y cuatro estudiantes), saturación de pacientes, déficit de personal, etc. Pero sobre el que más me gustaría reflexionar es sobre uno: el pasotismo de los estudiantes. 

Nosotros también somos culpables de lo que nos pasa

Tras varios años de batacazos con las prácticas, es inevitable que el estudiante acabe viendo éstas como un mero trámite para aprobar las asignaturas y terminar cuanto antes la carrera, especialmente en aquellas que no ofrecen un formato de continuidad, rotando varios días seguidos en un Servicio, sino acudiendo de forma aleatorizada a estos a razón de una vez por semana. Y es que hay que reconocer que irrumpir a las 10 de la mañana en una consulta (o una planta/quirófano) para salir a las 12, sin tener ninguna clase de vínculo con el personal ni los pacientes y, en algunos casos, ni siquiera un pleno conocimiento de la patología que se trata, no es la mejor forma de hacer prácticas.

No estoy exculpando lo que la mayoría de mis compañeros (y yo misma) hacemos: saltarnos prácticas. O pedir que nos las firmen antes de tiempo. O pedir que te firmen prácticas de más. Cuando te dan una hoja de firmas se acaba asemejando más, en cuanto al sentimiento, a una carrera de obstáculos que a ninguna otra cosa. Y es que en muchos casos a todo lo anterior hay que añadirle una organización nefasta en los Servicios, ya que puede que te toque una consulta que ese día ni siquiera se pase, lo que contribuye a que todo parezca estar planificado para hacerte sentir que sobras. 

Imagen sacada de “Reglas Médicas”

 No es la primera vez que después de 10 minutos en un Servicio el propio médico me ofrece firmarme la practica de ese día y, si quiero, unas cuantas más, de regalo. Tampoco es la primera vez que no sé qué pinto ahí y saco a relucir mi imaginación para conseguir la firma en cuestión y pasarme alguna hora de prácticas tomando un café o estudiando en la biblioteca.

No quiero crear una imagen nefasta de mí ni de mis compañeros: igualmente me he quedado a hacer prácticas que no me correspondían y que, en un sentido a cortoplacista, lo único que iban a hacer era ocupar mi tiempo. Pero, ¿podemos esperar tener alumnos motivados cuando nuestras prácticas son así? ¿Tiene algún sentido que éstas puedan llegar a suponer un 0% del porcentaje de la calificación final de una asignatura? ¿Es posible que los médicos estén motivados a dar buenas prácticas con un sistema asfixiante que, además, no discrimina entre buenos y malos ni recompensa a los primeros?

Entonces, vuelvo al principio, ¿el personal ha sido así desde el principio? Yo no lo creo. Quizás ha sido como el estudiante que poco a poco, a base de palos, ha ido viendo las prácticas como un mero trámite, un check list que no queda más remedio que cumplir. No dudo que haya quien nunca ha tenido el mayor interés ni la intención de ofertar una buena docencia, pero al igual que juzgo que la mayoría de mis compañeros quieren ser buenos médicos y las circunstancias nos han llevado a esto, ha sido otro tanto lo que ha pasado con los profesionales. Esto lo refuerza el hecho de que, con algunos, a base de insistir, mostrar interés y preguntar, acabas teniendo unas prácticas más que decentes.

Y, después de tanta divagación, ¿qué podemos hacer? Al único punto al que he llegado, tanto hablando con unos como con otros, es que la enseñanza clínica de la Medicina requiere de una reforma integral, muy alejada de la gran farsa que ha sido la conversión a estudios de grado. Se necesita que los Departamentos, en lugar de por sus intereses, luchen por los de la Universidad. Y, sobre todo, se trata de volver a poner a la Universidad al servicio del alumno.

No es lícito que haya una historia negra detrás del reparto de horas y créditos de asignaturas, que en muchos casos nada tiene que ver con las necesidades docentes. Tampoco lo es que cada Universidad y Hospital tengan planes en los que cualquier parecido sea pura coincidencia. ¿Dónde está la ANECA? ¿Dónde está el Ministerio? Sólo hace falta mirar superficialmente para ver que algo no va bien.

Finalmente, sólo cabe, aunque sea por terminar con un toque de optimismo, agradecer a todo el personal que se empeña, con más o menos de nuestra parte, en formarnos como médicos, su enorme dedicación y esfuerzo, así como esperar que, a pesar del sistema, cada vez sean más los profesionales y estudiantes que se unan ellos.

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Elena Armas Jorge es estudiante de Medicina de 5º curso en la Universidad Complutense de Madrid

Cómo dejar de ser estudiante para ser un bello jarrón (Autor invitado)

¿Te ha comentado alguna vez un paciente al que no conocías de nada en la consulta lo guapo que eres delante de tu adjunto/residente? ¿Te han llamado guapo, bonito, nene, cariño o apelativos similares, ya fuera por parte de pacientes o personal? Si la respuesta es no, felicidades, tu masculinidad sigue intacta. Desgraciadamente, según he podido comprobar en mis propias carnes, éste es el pan de cada día para las estudiantes de Medicina (y para muchas médicos).

La igualdad ha llegado a las aulas. Cada vez vemos un mayor aumento del número de estudiantes femeninas, siendo en muchas Facultades el porcentaje de éstas mayor respecto a sus homólogos masculinos. Si bien esta situación parece que cuaja en las clases, la situación en los pasillos del Hospital es más bien diferente. No me malinterpretéis: no me siento ni mucho menos maltratada respecto a la situación de mis compañeros. De hecho, mayoritariamente me he sentido bien acogida en los Servicios en los que he estado y me he encontrado con un personal maravilloso. No obstante, hay un techo de cristal, prácticamente imperceptible, que continúa estando ahí. 

Las mujeres componemos el 74% de los estudiantes de Medicina españoles

Podemos poner un ejemplo típico: un paciente entra en la consulta, empieza a hablar con el médico, y, de buenas a primeras, te comenta, teniendo en cuenta que estás allí como estudiante, que si alguna vez alguien te ha dicho que eres muy guapa. Otras cosas más duras que me han sucedido es estar con una bata y de espaldas (de modo que es imposible saber si soy estudiante o médico) y que me toquen el hombro para decirme “eh, tú, nena”.

Sobre todo con lo primero, muchos pensaréis que estoy exagerando e incluso me tacharéis de feminazi. Pero lo que ocurre aquí no es el qué sino el cómo. No creo que, a menos que lleve un buen rato o hayan transcurrido varias consultas en las que esté, esto le pase a un compañero. Lo segundo, al menos desde mi punto de vista, no tiene ninguna justificación.

Se trata, básicamente, de una visión machista remanente, la mujer como florero, la mujer como objeto. Puede que me halague que me digan que soy guapa, especialmente si me he arreglado de forma especial ese día, pero definitivamente no me gusta que lo haga alguien que no me conoce y, mucho menos, en mi espacio laboral. Esto supone la necesidad de enfocar algo irrelevante como algo primordial.

Además, este problema tiene un segundo culpable, y es el del médico que está contigo, que lejos de decirle nada al paciente (que por otra parte, tampoco puede decir mucho), suele participar del chascarrillo.

A donde quiero llegar es que, si bien estos comentarios parecen bastante inocentes, es de donde beben situaciones como esta:

nurses

No es la primera médico o residente que me comenta situaciones cuasi inverosímiles en las que le preguntan por si no está el médico, dando por hecho que son enfermeras (con todo mi respeto para todo el personal de enfermería, que afortunadamente en España brilla por su profesionalidad), lo reacios que son los pacientes a veces a tratarlas de doctoras, etc.

Pero claro, ¿qué podemos hacer? A fin de cuentas te han hecho un cumplido. ¿Y qué hace tu médico? Evidentemente, siempre que no sea una falta de respeto total y absoluta, lo mejor es responder secamente con un “gracias” y que el médico no diga nada. Se trata de una situación delicada, difícil de manejar y con un componente generacional e ideológico importante.

Sobre todo con la posición del médico, es muy difícil hacer nada cuando el personal se pone de parte de la situación. ¿Te enfrentas a la persona que te tiene que calificar por algo que mayoritariamente puede ser calificado de irrelevante? ¿Haces un océano de lo que puede ser visto como un vaso de agua? Quizás lo mejor sea abogar por una concienciación progresiva, aunque, evidentemente, sería mejor si alguien alzara la voz.

A mi pesar, más realidad que ficción

Y después de esto podéis reiteraros en vuestro pensamiento de que la situación no es para tanto, pero si a vosotras o a alguna de vuestras amigas le ocurre cualquier situación de estas, espero que recordéis vuestra connivencia y seáis consecuentes, ya que como dice el dicho, de aquellos barros, estos lodos.

La autora del artículo, Elena Armas Jorge es estudiante de Medicina de 5º curso en la Universidad Complutense de Madrid  

El “Plan de Estudios Oculto” de las facultades de Medicina

Me encanta mi futura profesión. No tanto mi carrera. Desde el primer año en el que entré en mi facultad, mi experiencia académica me ha hecho sentirme de todo menos realizado. Gran parte de esto se ha debido a mi actitud hacia ella, algo que con los años he ido modificando. Lo que no he podido modificar, ni tras más de 5 años trabajando en representación estudiantil, es el pésimo sistema en el que nos formamos.

Muchos se llenan la boca de halagos hacia la docencia universitaria pública en Medicina. El concepto es loable. Su aplicación y su situación actúal, no. Los estudiantes nos encontramos a la deriva entre una burocracia inutil y un plan de estudios “a la Bologna Española” sin rumbo o fin claros. 

Ya hablaremos otro día de los planes de estudios oficiales y qué falla en ellos. Pero hoy me gustaría hablaros de lo que se enseña en las facultades de medicina españolas y que no encontraréis en ninguna guía docente o plan de estudios. Vamos a hablar del “plan de estudios oculto“, y por qué es una (si no la principal) barrera a una mejor docencia universitaria en Medicina.

¿Qué es el plan de estudios oculto?

El concepto de plan de estudios oculto nació a finales del siglo pasado, y hace referencia a una “serie de influencias sobre el aprendizaje que surgen desde la organización académica (la facultad) y la cultura académica”. Dicho de otra forma, el plan de estudios oculto comprende la actitud de los profesores hacia los estudiantes, los aspectos que premia o prioriza (normalmente con notas) la institución y en general el ambiente del día a día. El plan de estudios oficial enseña “conocimientos y habilidades”, el plan de estudios oculto enseña los valores, normas y expectativas que permiten “sobrevivir” y triunfar en la institución y/o profesión. 

Las relaciones interpersonales entre docentes y alumnos forman parte del plan de estudios oculto.

Mientras que los contenidos de asignaturas y prácticas son fáciles de cambiar (cosa que hacen con frecuencia), el plan de estudios oculto está tan arraigado en la propia cultura que resulta refractario a cualquier intervención. Modificar la letra pequeña del papel es trivial, no tanto la propia identidad. Esto cobra especial relevancia en los casos en los que existe una discrepencia entre el plan de estudios “oficial” y el oculto. 

Un ejemplo claro que vivo diariamente en mi facultad es la disonancia entre los objetivos de prácticas clínicas y la realidad de estas. En el curriculum “oficial”, se nos exigen muchas cosas. Observar procedimientos, asistir con puntualidad, historiar, mostrar interés activo, todo estos items sobre los que supuestamente se nos puntúa. En el curriculum oculto, nada de eso importa. El mensaje del curriculum oculto es premiar la “picardía” de falsificar firmas y copiar historias. Es el de restarle importancia a las prácticas y dársela a los exámenes. Y cuando chocan el curriculum oficial con el oculto, el que suele ganar es este último.

¿Qué “asignaturas” componen el plan de estudios oculto?

Según W. Hafferty, experto en educación médica, podemos identificar 4 áreas que contribuyen de forma especial al curriculum oculto. Estas son las normativas e imagen externa de la facultad, los métodos de evaluación, el reparto de recursos y la “actitud” o lenguaje interno. Para no aburriros con explicaciones teóricas, vamos a verlas aplicadas al ejemplo de las rotaciones prácticas que he mencionado antes:

Normativas e Imagen Externa

En el caso de mi universidad, el aspecto que más resalta sin lugar a duda son sus buenos resultados en el MIR. Si preguntas a estudiantes de medicina de otras facultades qué imagen tienen de la UAM, la mayoría te dirán muy exigente y dura (además de soltar algún comentario sobre lo “frikis” que son sus alumnos). Por otra parte, es de las universidades de Madrid que más nota de selectividad exige. Todo esto en global lanza un mensaje de sólo aceptar y formar a los mejores alumnos con intención de sacar las mejores notas MIR. Aunque de vez en cuando se haga referencia a la “mayor formación práctica de los alumnos”, esta toma un segundo plano frente a los verdaderos valores del plan de estudios oculto.

Curiosamente, apenas existen referencias (o proyectos) para la formación humanitaria y bioética de los alumnos, mientras que abundan las de producción científica. Quizás eso explique lo extendido que está el copiar durante exámenes y el plagio de historias clínicas en mi facultad, ya que lo que de verdad se valora es sacar la puntuación más alta y aprobar, sin consideraciones de otro tipo. 

Cuando tu nota en ciertas asignaturas depende del 75% de las mejores notas, pasarle por encima a los demás se convierte en obligación.

Evaluación

Mi tema favorito. La importancia de la evaluación reside en que es uno de los factores motivadores principales (si no el más importante) para cualquier estudiante de medicina. Aprobar y superar cursos es un prerequisito obligado para poder llegar a lo que de verdad queremos, ser médicos. Tanto es así que los estudiantes haremos lo que haga falta para cumplir las demandas de las evaluaciones. Aplicado al ejemplo de prácticas clínicas, resulta claro por qué estas se consideran poco importantes:

  • El peso de la nota de prácticas en la evaluación final es cuasi-testimonial (alrededor al 15-25%), lo que convierte a los exámenes finales en el objetivo primordial
  • Hay una gran facilidad para copiar las historias clínicas y trabajos exigidos en los cuadernos, sin mecanismos de control o repercusión
  • Los tutores clínicos evalúan a todos con la máxima nota independientemente de su trabajo, castigando en lugar de premiar el esfuerzo extra (tiempo que se puede dedicar a estudiar)
  • No se evalúan ni se le da importancia a habilidades clínicas básicas tales como la lectura de ECG o exploración neurológica

Volvemos a lo mismo, un mensaje claro que nos dice que lo importante son los exámenes, no las prácticas.

Reparto de Recursos 

Reproducción fiel de la situación que se vive diariamente durante nuestras prácticas.

Quizás uno de los temas más infravalorados en educación médica y con mayor repercusión es el reparto de recursos. Pocos profesores dedicados a prácticas, grupos de alumnos de 8 para arriba por servicio, sueldos de colaboradores clínicos docentes irrisorios, tutores clínicos con tanta sobrecarga asistencial que apenas pueden atender estudiantes… Hay un maltrato institucional hacia la docencia universitaria, más en época de crisis. Si he sacado alguna conclusión de mis años en representación estudiantil, es esta. 

Por otra parte, en las comisiones de curso y junta de centro apenas se habla sobre aspectos de docencia de fondo. Suena a chiste malo, pero la realidad es que ni siquiera en la reforma de plan de estudios se habló de docencia como punto principal. La mayoría de las reuniones se concentraron en ver quien se repatiría el pastel de créditos y en qué curso se colocarían las asignaturas. Las comisiones de curso y juntas de centro van en la misma línea, añadiendo temas financieros, de tesis y contratación. 

El mensaje que se lanza es que la docencia universitaria no es una prioridad (por parte del gobierno) y que los asuntos de profesores son más importantes que la propia docencia (por parte de la propia facultad)

Lenguaje Interno y actitud

El lenguaje interno se resume perfectamente como paternalista. A los alumnos no se nos trata como personas adultas en proceso de formación, sino como críos de instituto. A la hora de nuestra motivación y de planificar la enseñanza, este hecho tiene un efecto demoledor. Algunos ejemplos son:

  • Decir en repetidas ocasiones que “no se espera nada de vosotros salvo aprobar”
  • Catedráticos que se niegan tan siquiera a discutir cambios en su curriculum (“Dejad que ya me encargue yo”)
  • Hacer como si no existiésemos en las rotaciones (la no-comunicación es un tipo de lenguaje me imagino…)
  • Ocultar información y poner trabas para la revisión de exámenes ya que “En realidad nos portamos bien con las notas para beneficiaros y no os debéis quejar”

Y sobre la actitud… digamos que a día de hoy no hay un lugar o atención específica para los estudiantes en el hospital universitario. Lo peor de este punto, es que el mensaje de que somos el “último mono” lo acabamos interiorizando y transmitiendo nosotros cuando terminamos la carrera. Cosa que sólo sirve para perpetuar el ciclo.  

Magnífica viñeta de “Reglas Médicas” que resume a la perfección la experiencia de un estudiante de prácticas.

 Modificando el plan de estudios oculto

No me gusta criticar sin proponer soluciones. Este tema ha sido mi ballena blanca durante mucho tiempo, y a mi pesar no he encontrado ninguna solución mágica. A la conclusión que si he llegado es que el primer paso es “des-ocultar” el plan de estudios oculto. El simple hecho de que se sepa qué está pasando en nuestras facultades ya es un paso de gigante. Es curioso ver las reacciones de sorpresa de médicos y gente ajena a la docencia cuando se enteran de cómo se está formando a los profesionales de mañana. 

Sobre medidas más específicas, se podrían escribir cientos de entradas sobre ellas. Entre ellas:

  • Aceptar que los estudiantes de medicina somos adultos y no niños en formación, otorgandonos más responsabilidades y deberes
  • Velar por conseguir cambios a nivel político y universitario que establezcan la formación de futuros profesionales como una prioridad
  • Replantear los métodos de evaluación y las prioridades de la evaluación, de cara a formar profesionales más humanos y competentes

Por lo tanto, me gustaría darte las gracias a ti, querido lector, por emplear tu tiempo en leerme. Si te ha parecido informativo, y también crees que la solución pasa por “des-ocultar”, comparte este artículo con tus compañeros. Cuanto antes rompamos la ilusión del “plan de estudios oficial”, mejor.

Referencias

  • Hafferty FW, Franks R. The hidden curriculum, ethics teaching and the structure of medical education. Acad. Medicine 1994
  • Stern DT. In search of the Informal Curriculum: when and where professional values are taught. Acad. Medicine 1998
  • Mann, K V. Motivation in medical education: how theory can inform our practice. Academic Medicine 1999

Mi primer congreso médico

Me encanta la cardiología. Me encanta su fisiopatología, su tratamiento y su exploración física. Mezcla eso con que te envién un correo invitándote gratis al Congreso Europeo de Insuficiencia Cardiaca en Sevilla y ya tienes el plan perfecto para después de exámenes. Bueno, más perfecto hubiese sido si el congreso fuese en Hawai, pero para un evento no patrocinado directamente por la industria (de la que hablaremos más adelante) no me quejo.

El edificio de la Plaza de España, uno de mis vistas favoritas del viaje

He asistido a muchos congresos para estudiantes, pero este era mi primer congreso científico de “mayores”. Fui con dos amigos del hospital y nos hospedamos en un maravilloso (¡y barato!) apartamento cerca del centro de la ciudad. Ha sido toda una experiencia, de la que me gustaría compartir con vosotros algunos aspectos para los que estéis pensando asistir a uno de estos eventos o simplemente tengáis curiosidad:

Primera impresión: Salto cualitativo de nivel

¿Pensabas que tu examen de cardiología fue difícil? Piensa otra vez. Yo soy de esos a los que les encanta saberse toda la fisiopatología. En ocasiones hasta el nivel molecular. Lo que no me esperaba es que de eso consistiese el 70% de las charlas del congreso. Expuesto en todo lujo de detalles. Hablando de mecanismos hipotéticos. Con todas las gráficas de los estudios. Por ponentes cuyo primer idioma no es el inglés. Lo cuál tiene el efecto de decirte a tí mismo “Me arrepiento de todas y cada una de mis elecciones en este momento” y de sentirte como un niño en la mesa de mayores durante Navidad.

¡Hola! Soy el Dr. Estudiante, ¿Cómo le puedo ayudar hoy?

Estos señores son expertos mundiales en sus temas. No te esperes un “breve recuerdo fisiopatológico” como nos hacen en la mayoría de las clases. Los especialistas no se gastan alojamiento, transporte y cuota de inscripción para que les cuenten cosas que “ya saben”. Incluso con lo que me gusta la cardiología y habiendo cursado este año la asignatura, tuve muchas dificultades al principio en orientarme en las charlas. Es indudable que el nivel es altísimo, y por eso recomendaría a los que queráis asistir que lo hagáis a partir de cursos clínicos y de una especialidad que hayas cursado ese mismo año y que os guste mucho. Tampoco estaría de más que antes de ir revisaseis por encima conceptos básicos de la patología o especialidad sobre la que os van a hablar, cosa que yo personalmente he echado en falta hacer. No hace falta que os mateís ni mucho menos, pero no contéis con que os recuerden cómo funciona el sistema renina-angiotensina.

Lo que nos lleva a mi primera conclusión, estos congresos no están destinados para estudiantes y su rentabilidad para nosotros es baja, aunque asistir a por lo menos uno durante la carrera es una buena idea. Puede sonar a algo de cajón, pero me parece importante dejar este punto claro para los que queráis hacer las maletas a Florencia el año que viene (próxima sede del Congreso Europeo sobre IC). A mi personalmente me ha encantado la experiencia, y a pesar del bofetón del primer día, he aprendido mucho.

Pero Miguel, si dices que son tan “complicados”, ¿Qué me puedo llevar si asisto? 

El aspecto que más resaltaría es entender y ver el proceso por el que pasa una intervención o fármaco desde su nacimiento en la investigación básica hasta su inclusión en las guías de prácticas clínicas, pasando por los primeros ensayos en humanos. Es algo que a muchos de nosotros nos han explicado en la carrera, pero verlo en acción es algo precioso. A mi me recordó una de las razones principales por las que me encanta la medicina, su constante cambio e innovación. Nos queda tanto camino por recorrer y tantas cosas por cambiar, que de verdad entiendes eso de “la mitad de lo que sabes al salir de la carrera ya estará obsoleto”.

Algunas de las nuevas dianas farmaceúticas que se están ensayando para Insuficiencia Cardiaca

Y aunque muchas presentaciones te sonarán a chino, si eliges bien las charlas, una de las grandes cosas que te pueden aportar estos congresos es ver el lado más práctico de la medicina. Al final de todas las presentaciones la pregunta es constante, ¿Es beneficioso este tratamiento para mis pacientes? No sólo te irás con una idea general de en qué hay controversias o qué hay que hacer siempre, sino que entenderás por qué se dice eso de que “mejora la calidad de vida pero no la supervivencia” o “sólo mostró beneficio para el subgrupo X”. En relación con esto, mi recomendación es que intentéis elegir las charlas más generales sobre manejo de un tipo particular de paciente, ya que son las que se explicarán con más enfoque clínico. Eso sí, no penséis que os vais a quedar con las dosis (¡ni falta que hace!).

Por último, una de las funciones más importantes de estos eventos es hacer networking. La oportunidad de conocer a otros profesionales, o incluso de poder hablar en persona con el experto en el tema de tu trabajo de fin de Grado no tiene precio. Para ello recomiendo que uséis redes sociales como Twitter durante el congreso. En muchos casos la propia organización del congreso fomenta que se discuta y comparta fotos de las charlas usando hashtags oficiales. Sacarle fotos a las diapositivas más importantes y compartirlas es una forma excelente de ayudar a que prestes atención y te quedes con la copla. Es muy gratificante poder tener un impacto positivo con asistir y dándole a Twitear, aunque  “solo” seas un estudiante. Eso sí, ¡cuidado con no distraeros mirando las fotos de tus amigos! Se de uno que es culpable de eso último…

La mano insidiosa de la industria

Esta parte se merece un post propio, y os prometo que en un futuro caerá. Pero por ahora me siento en la necesidad de daros un par de pinceladas sobre cómo viví la implicación de la industria en el evento como estudiante de medicina.

Compra Plomox hoy y vive una vida mejor, ¡Plomox!

Si tuviese que resumir mi impresión en una palabra, definitivamente sería “insidiosa“. El congreso no era de una farmaceútica, y aún así la influencia de estas se notaba en cada esquina y panfleto repartido por el representante guapo/a de turno con una sonrisa perfecta. Por suerte, la mayoría de las charlas estaban organizadas por la sociedad europea de cardiología, con lo que la influencia de la industria quedó limitada a los “Satellite Symposiums” (charlas específicas de la industra pero perfectamente integradas en el planning del congreso), y los Stands que colocaron en el vestíbulo principal del edificio. Estos últimos por supuesto con azafatos guapos, diseño implecable y toda serie de artilugios diseñados para llamar tu atención.

Cascos de indoctrinación de… digo, ¡mira el juguete guay que trae la farmacéutica chula!

Algunos ejemplos particularme llamativos de tácticas que empleaban en los stands para intentar que recetases Plomox a todos tus pacientes eran:

  • Videos e incluso animaciones de realidad virtual (Oculus Rift) que resaltaban los múltiples beneficios de sus fármacos.
  • Juegos de trivial con premios en las que las preguntas estaban diseñadas para resaltar lo bueno y rápido que mejoraba la situación clínica de los pacientes el fármaco.
  • Esa firme sensación de que los responsables de los stands querían que te sintieses lo más querido y halagado posible, incluso cuando les contabas que eras estudiante. Algo que a priori no es malo, pero cuando asoma de forma tan clara las segundas intenciones, rechina. Mucho.

Y sobre las charlas… En todas la segunda diapositiva estaba dedicada a resaltar los posibles conflictos de interés de los ponentes, algo muy loable, si no fuese por el hecho de que pasaban dicha diapositiva a la velocidad de la luz. Respecto a las charlas patrocinadas, no me esperaba ni de lejos lo claro que era que su principal función fuese conseguir la venta de un producto. No puedo resaltar demasiado la importancia de este último punto. Incluso como un estudiante de medicina, la forma de tergiversar los estudios y exponer solo los aspectos positivos, siempre con ponentes extremadamente carismáticos, y usando tácticas como ofreciendo la comida gratis a todos los asistentes (algo mucho más importante en un congreso de lo que os podéis imaginar) era sorprendentemente clara.

Al final, la impresión que se me quedó fue “¿Cómo es posible que no se den cuenta de lo que están intentando, y si se dan cuenta, por qué lo permiten?”. Algo que espero que como futuros profesionales no preguntemos mucho, y que actuemos en consecuencia.

“Conclusions and closing remarks”

Vaya experiencia. Me ha costado mucho resumiros lo más importante en una sola entrada. Hay tantas cosas que he aprendido y que he sentido… Desde luego me ha dado qué pensar e incluso ideas para entradas futuras del blog (¡que ahora que estoy mucho más libre de exámenes prometo escribir!). Si tuviese que elegir un sentimiento, sería el de que nos hacemos mayores y la responsabilidad es nuestra. Al final del día, la gente va a estos congresos por que tiene que ayudar a gente enferma. A veces gente muy enferma. Nadie te va a controlar la asistencia, si tomas notas o no o si te pasas las charlas mirando Facebook. Creo que es una lección que yo tengo pendiente en cómo me tomo ciertos aspectos de la carrera.

Pero para terminar, dicen que de la mayoría de las charlas, sólo te quedas con 3 puntos. Así que, si tuviese que resumiros mi experiencia en tres puntos, serían:

  1. Si quieres asistir a un congreso científico, elige uno de una especialidad que te guste y que preferiblemente hayas cursado ese año. Aún así, ve con la ídea de que muchas cosas te van a sonar a indio (incluso literalmente dependiendo del ponente), aunque al final del día aprenderás mucho.
  2. Implicarte de forma activa a través de las redes sociales es una de las mejores formas de sacarle el mayor partido al congreso y de establecer vínculos con otros profesionales.
  3. Ten muy presente e intenta fijarte de forma activa en el papel de la industria y sus estrategias para intentar venderte su producto. Es algo con lo que lidiarás a lo largo de toda tu carrera profesional, y cuanto antes sepas identificarlo, mejor.

Pero lo más importante de todo, sin lugar a dudas es…

¡Pásatelo bien, vive la experiencia, aprovecha para hacer turismo y hazlo en compañía de buenos amigos!

“Historia o no historia, esa es la cuestión”

Los estudiantes de medicina somos una parte más del equipo asistencial en formación que atiende al paciente. Sin una buena docencia, el relevo de responsabilidades que se nos hará en el día de mañana no podrá garantizar la correcta asistencia a este. Formar a buenos profesionales no sólo es tarea de las Universidades o el Ministerio de Educación, sino que necesita de la colaboración y apoyo de todo el SNS donde desarrollaremos nuestra labor asistencial. En un contexto de sobremasificación de prácticas, una implementación con más sombras que luces del plan Bolonia y recortes globalizados, es necesario otorgarnos herramientas que faciliten nuestro proceso formativo. El CEEM se reunió hace escasos días con el Ministerio de Educación justamente para atajar este problema con la regulación del estudiante de Medicina dentro del hospital universitario. Curiosamente, una de sus propuestas, facilitar el acceso a las historias electrónicas de pacientes, ha suscitado un revuelo por redes sociales y rechazo por gran parte de los lectores de redacción médica. image No es una cuestión de privacidad. Tampoco es una cuestión de protección de derechos de los pacientes. Si lo fuese, ya se nos hubiese prohibido acceder a las historias de pacientes en papel, algo que se realiza diariamente en todos los hospitales universitarios. Todos asumimos la responsabilidad y compromiso debidos al entrar en la carrera y auscultar a nuestro primer paciente. Si los resultados de esta encuesta nos muestran algo, es el profundo desconocimiento del papel que debe asumir el estudiante de medicina dentro del equipo asistencial, y la imperiosa necesidad de regular nuestro lugar y formación en él. Esperemos poder aprovechar la situación para trabajar, juntos, hacia una mejor formación para los que seremos los profesionales de mañana, unidos por un objetivo: el paciente. p.s Podéis consultar el artículo que ha armado todo el revuelo y los mensajes de twitter en http://www.redaccionmedica.es y @redaccionmedica

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